Archidiócesis de Valladolid
Álvaro y Nicolás, ante su ordenación diaconal: entre la “ilusión” y la “responsabilidad” ante esta “prueba del gran amor de Dios”
15 de septiembre de 2026
El domingo 20 de septiembre los seminaristas Álvaro Manzano, de 25 años y procedente de Medina del Campo, y Nicolás Horea, de 24 y nacido en Rumanía —aunque en Valladolid desde que tenía cinco años, lo que le permitirá que su familia “más cercana” le acompañe en esta importante celebración para él y para el conjunto de la Iglesia vallisoletana—, serán ordenados diáconos en la Catedral en una Eucaristía que comenzará a las seis de la tarde. Formados en el Seminario Diocesano de Valladolid, recibirán el sacramento del Orden de manos de su Arzobispo, monseñor Luis Argüello, junto a cuatro frailes de la Orden de San Agustín (OSA): Vicent Mark, Nelson Damian, Onesmo Mwombeki y Kevin Alvarado.
Pregunta: ¿Cómo afrontáis vuestra ordenación diaconal? ¿Qué supone para vosotros recibir el sacramento del Orden?
Álvaro: Afronto la ordenación con muchas ganas, la verdad, y al mismo tiempo con cierto temor. Recibirla significa para mí una prueba del gran amor que Dios nos tiene porque uno es consciente de sus fragilidades, de su pequeñez, de que no es capaz de responder bien a esta gran vocación, pero al mismo tiempo sé también que no depende de mí, que no depende de mis fuerzas y que es todo pura gracia.
Nicolás: Con ilusión, con responsabilidad y con humildad. Con ilusión porque me configura con Cristo sacerdote, Cristo siervo, que sirve en la palabra, en la liturgia, en la caridad; más con una responsabilidad porque no es algo propio, sino que es un don que Dios me regala; y con humildad porque es Dios el que me ha elegido y es Dios el que actúa a través de mí.
P: ¿Qué pensamientos, personas o momentos de vuestra vida y del proceso de discernimiento vocacional se os vienen a la cabeza ante vuestra ordenación diaconal?
A: La verdad que, en estos días antes de la ordenación, uno está lleno de recuerdos, de momentos, de personas, de conversaciones… de todo este camino que el Señor ha ido haciendo conmigo y cada uno de los momentos en los que he podido ir viendo que era esto a lo que Él me llamaba. Pero, sobre todo, me nace un agradecimiento muy grande a una persona, que es Fermín, que fue el sacerdote con el que empecé yo de monaguillo en la parroquia y en Medina (del campo), y con el que fue naciendo esta inquietud vocacional.
N: A lo largo de mi vida, de mi vocación han sido varias personas las que me han ayudado a discernir, entre ellas muchos sacerdotes que ya han fallecido, que ya no están con nosotros, y también muchas personas que han ido rezando por mí, me han ido dando ánimos, me han ido ayudando a clarificar, me han ido acompañando… y sí, se han presentado las dudas, pero también se han clarificado, se han acrisolado, siempre teniendo la certeza de que Dios ha sido fiel en todo momento, incluso cuando yo no he sido fiel.
P: ¿Cómo os ha ayudado el Seminario Diocesano de Valladolid en todo este proceso de discernimiento vocacional y de preparación hasta recibir el sacramento del Orden?
N: Me ha ayudado, sobre todo, en mi formación humana, espiritual, intelectual, pastoral… Me ha acompañado a lo largo de estos años. También he podido vivir en comunidad con mis compañeros, hemos hecho vida de oración, vida fraterna, corrección fraterna. Y me ha ayudado a discernir a lo largo de estos años si esta es la llamada que Dios me hace. Y, por eso, también yo creo que es conveniente agradecer a todos los que me han acompañado, ya no sólo fuera, sino dentro del Seminario: a los formadores, a los rectores.
P: ¿Qué le diríais a un joven que se está planteando ingresar el Seminario?
A: Que no tenga miedo. Esta frase tan preciosa que se repite tantas veces en la Biblia y que repetía incansablemente San Juan Pablo II: no tengáis miedo. A un joven que se está planteando ingresar en un seminario, o a uno que se está planteando la vida religiosa, o a uno que se está planteando el matrimonio. Les diría a todos lo mismo. Porque es verdad que somos frágiles, que estamos llenos de pecados, que es una llamada que nos sobrepasa en todos los sentidos, pero es precioso el sentir que somos instrumentos en manos de Dios, que a través de nosotros Dios toca los corazones de los demás y que es una alegría caminar tras sus pasos.
N: Que no tuviese miedo y que se deje acompañar, que hable con una persona de confianza, con un formador, con un sacerdote… también con el Obispo, y que decida. Si nunca ha estado y no sabe lo que es, pues que visite el Seminario para ver qué tal. Y que se dé cuenta de que un seminario no es una carrera, no es una facultad, sino una casa donde discierne la vocación, porque si Dios le llama y le da fuerzas, pues merece la pena no sólo entrar, sino seguir la llamada y la voluntad de Dios.
P: ¿Y a los fieles laicos qué les diríais? ¿Qué les pediríais?
N: Oración y cercanía. Oración, ya que digamos que esa es la energía que nos sigue impulsando a predicar y hacer lo que Cristo nos enseñó; y cercanía porque la Iglesia es una Iglesia viva donde hay multitud de vocaciones, y no puede ser que sólo se resalte una, sino que también se invita a que seamos todos una Iglesia que sirve, una Iglesia que vive con fe, con alegría.
P: Y después de la ordenación diaconal, ¿qué? ¿Sabéis cuál será vuestro destino para seguir preparándoos para vuestra ordenación presbiteral?
A: Ya el curso pasado compaginaba los estudios con la pastoral en Olmedo y algunos pueblos de alrededor y este año, de momento, pues seguiré manteniendo mi presencia allí.
N: Iré destinado a Cogeces del Monte y a los pueblos que estén alrededor.
Asamblea Diocesana
Preguntados también sobre la aportación que los jóvenes pueden hacer a la Asamblea Diocesana convocada bajo el lema ‘Sal y anuncia la alegría, en comunión’, Nicolás tiene claro que “la juventud aporta mucho”. “Aporta una mirada fresca para nuestra Diócesis, disponibilidad, escucha y también”, ahonda, “aporta una experiencia de formación y un discernimiento vocacional, sobre todo los seminaristas y los recién ordenados. “Y también ayuda a unir vocación y misión”, añade, “sobre todo, animando a otros jóvenes que pueden estar más dispersos, porque también hay como un gran deseo por parte de los jóvenes”. Un deseo que, a ojos de Nicolás, es “no sólo recibir cosas ya hechas, sino querer participar, querer escuchar y querer sentirse parte también de una Diócesis que lo acompaña”.