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CARTA PASTORAL | Don Ricardo, Cardenal-Arzobispo de Valladolid

UN SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES  •  15-28 de febrero de 2017  •  A todos los fieles cristianos de la Iglesia de Valladolid

 

UN SÍNODO SOBRE LOS JÓVENES

arzobispo

 D. Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo de Valladolid desde el 17 de abril de 2010 y Cardenal de la Iglesia Romana desde el 14 de febrero de 2015

 

 

 

 

 

«A diferencia de convicciones sólidas que resisten vigorosamente, el mundo "líquido” significa inseguridad, indiferencia, poder de lo efímero y provisional, renuncia a compromisos duraderos y alergia a lo institucional.» 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace unas semanas han aparecido en Roma los llamados Lineamenta, es decir, los materiales básicos y los trazos que describen el tema en general, como documento preparatorio con un cuestionario amplio para suscitar la participación. Después de las dos Asambleas sinodales sobre la Familia convoca el Papa a la próxima sobre la Juventud. Tendrá lugar, Dios mediante, en octubre del año 2018, y en el tiempo previo nos preparamos en las Diócesis y en otros ámbitos sobre lo que será tratado detenidamente por los Obispos y colaboradores, presididos por el Papa en orden a marcar orientaciones pastorales. Es un itinerario largo en consonancia con la importancia del sínodo.

 

El tema será Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. En otras convocatorias de amplio horizonte se ha elegido un “icono” evangélico, que a su modo visibiliza la realidad tratada; letra e imagen se potencian mutuamente. Recordemos cómo hace años el icono fue el cuadro impresionante de Rembrant sobre el padre que acoge al hijo pródigo, conservado en el museo de L’ Ermitage de San Petersburgo; y para el Año Jubilar de la Misericordia el logotipo fue un mosaico de P. Rupnik, que representa a Jesús con las llagas gloriosas, cargando como el Buen Samaritano con Adán, con el hombre caído al borde del camino. En esta ocasión, el “icono evangélico” es el pasaje del Evangelio que narra cómo dos discípulos de Juan el Bautista siguen a Jesús, que les pregunta: “¿Qué buscáis?” Y ellos respondieron: Maestro, “¿dónde vives?”; a lo que responde Jesús: “Venid y lo veréis”. Y fueron con Él. El impacto del encuentro de aquel día fue imborrable (cf. Jn. 1, 36-39). Este pasaje evangélico nos encamina al centro del próximo Sínodo: El encuentro de los jóvenes con Jesús. Este encuentro colmará sus esperanzas, incentivará sus búsquedas, llenará de luz y de fuerza su vida en camino. Jesús nos responde y al mismo tiempo nos pregunta. Deseamos que el itinerario que ahora comenzamos culmine en el encuentro personal y comunitario en la Iglesia con el único Salvador.

 

El campo que desbrozan los Lineamenta, en que nos introduciremos pronto como Iglesia diocesana, contiene tres realidades, a saber: Jóvenes, fe y discernimiento vocacional, en relación recíproca. Los que convivimos en una misma situación histórica podemos decir “hoy”. Pero las diversas generaciones pronunciamos este “hoy” con la experiencia de veinte años o de cuarenta o de sesenta o de ochenta, recordando de alguna manera a Ortega y Gasset. Una generación es un factor biológico y también un fenómeno social que debe ser conocido atentamente. Todos somos contemporáneos, vivimos los mismos acontecimientos y respiramos el aire del mismo ambiente, pero de manera especial. El documento preparatorio se refiere a los jóvenes comprendidos aproximadamente entre los 16 y los 29 años. Se dirige a personas en una fase decisiva de la vida. Lo primero que debemos hacer es acercarnos, conocernos, preguntarnos y escucharnos. La Iglesia quiere oír lo que piensan, viven y sueñan los jóvenes; sus opiniones, también sus dudas, sus esperanzas, deseos, incertidumbres y prevenciones. La escucha mutua es parte de la sinodalidad que culminará en la Asamblea de los Obispos. No es tanto un estudio sociológico cuanto una conversación mientras vamos caminando (cf. Lc. 24, 17). Por eso, es bueno que los materiales preparatorios lleguen capilarmente y grupalmente al mayor número posible de jóvenes. No temamos sus críticas ni nos blindemos ante sus opiniones. Busquemos todos juntos y fomentemos la comunicación de las diversas generaciones que compartimos el “hoy” de nuestro tiempo.

 

El día 9 de enero murió a los 91 años en Leeds (Inglaterra) el famoso sociólogo Z. Bauman, que había nacido en la ciudad polaca de Poznam. A veces es conocido como el sociólogo de la “modernidad líquida”. El documento preparatorio se expresa al tratar de los jóvenes en el mundo de hoy con unas palabras que probablemente se refieran a la misma metáfora, “la combinación entre complejidad elevada y cambio rápido provoca que nos encontremos en un contexto de fluidez e incertidumbre nunca antes experimentado”. ¿Qué quiere decir Bauman con modernidad líquida y qué puede significar “fluidez e incertidumbre” en el documento introductorio? A diferencia de convicciones sólidas que resisten vigorosamente, el mundo "líquido” significa inseguridad, indiferencia, poder de lo efímero y provisional, renuncia a compromisos duraderos y alergia a lo institucional. Hay también, para aludir a otra metáfora, ideales evanescentes que se difuminan como el humo. Necesitamos comprender el ambiente para conocer mejor las oportunidades y las dificultades que viven particularmente los jóvenes. No cedamos al individualismo ni nos encerremos en el presente olvidando las promesas de Dios y cortando alas a la esperanza. ¡Qué importante es que nos reconozcamos y apreciemos unas generaciones a otras! Nos necesitamos mutuamente. El diálogo nos ayuda a caminar juntos en el seguimiento de Jesús, al que nos encamina el Precursor, como a los discípulos en el “icono” evangélico.

 

La fe, el discernimiento y la vocación son inseparables; en el dinamismo de la fe descubrimos la personal vocación. Como personas nos realizamos diciendo sí a quien nos envía y a quienes somos enviados. El hombre por definición es vocación, recorrido hacia la meta, maduración personal, peregrino que con los demás va ofreciendo y recibiendo.


Podemos decir que cada uno hemos recibido cuatro vocaciones. La primera es la llamada a la existencia. Dios ha pronunciado aquellas palabras creadoras “hagamos al hombre, varón y mujer, a nuestra imagen”. Nos encontramos viviendo porque hemos sido engendrados por nuestros padres. La segunda vocación es la vocación a formar parte de la Ecclesia, que como tal es la Elegida por Dios. La fe es el encuentro de la llamada del Evangelio y de nuestra respuesta. En tercer lugar, dentro de la Iglesia, como en su patria hay vocaciones diferentes y todas excelentes, al matrimonio cristiano, al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada. Y, por fin, cada persona es irrepetible, amada directamente por Dios, y por ello hemos recibido, dentro del campo amplio de las vocaciones en la Iglesia y en la sociedad, la vocación a ser nosotros mismos, a cubrir nuestra singular definición, a responder al diseño de Dios.

 

Las diversas vocaciones reclaman discernimiento ante Dios. En los diversos discernimientos necesitamos la luz del Espíritu Santo y el acompañamiento de otras personas. Preparemos el próximo Sínodo ya desde ahora.

 

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