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Familia y vida

Begoña Ruiz
Aprender a amar
          “Aprender a amar” es el título de un novedoso e ilusionante proyecto lanzado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida como ayuda a profesores, catequistas y educadores para abordar la sexualidad desde la belleza de una perspectiva nueva y verdadera que responda a los deseos más hondos del corazón humano.

          “Aprender a amar” es un proyecto global dirigido a educadores de adolescentes, jóvenes y niños para facilitarles que les puedan ayudar a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado. Un conjunto de materiales adecuados y, sobre todo, una oferta de Cursos de Formación de Monitores para quienes van a manejarlos, porque forman las personas, no los materiales.

          Los jóvenes cuentan hoy con más información que nunca sobre métodos anticonceptivos, pero la tasa de embarazos y abortos entre las adolescentes españolas sigue aumentando. Además, surgen situaciones nuevas que no sabemos cómo afrontar: el 20% de todas las violaciones son cometidas por menores, y el 30% de quienes abusan de un niño o una niña no han alcanzado la mayoría de edad.

          Urge, pues, atender la llamada de Juan Pablo II: "Es necesario educar en el valor de la vida comenzando por sus mismas raíces. Es una ilusión pensar que se puede constituir una verdadera cultura de la vida humana, si no se ayuda a los jóvenes a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado y en su íntima correlación” (Evangelium Vitae, n. 97)

          Ayudar a los jóvenes es a lo que invitaba este Papa que tanto los ha querido. Ayudar a los jóvenes nacidos después de la revolución sexual, hijos de otra mentalidad, que no pueden interiorizar los planteamientos evangélicos sobre la familia porque en muchas ocasiones ni la familia ni la escuela ni la parroquia se implican en la educación para el amor, dando por supuesto que esta dimensión esencial del corazón humano (APRENDER A AMAR) se irá formando en los niños de forma espontánea.

Planteamientos no aceptados hoy

          Que la entrega genital, la entrega total del cuerpo a otra persona tenga como marco adecuado el matrimonio, que expresa la entrega de la vida, porque se propone “amor libre”, una relación sin compromiso institucional alguno, negando la dimensión social del amor.

          Para poder vivir así ha sido necesaria una ruptura entre la sexualidad y la procreación, desvinculando una de otra. La contracepción ha facilitado esta ruptura, y ha venido acompañada del drama del aborto, porque en el fondo nacen de la misma mentalidad. Partiendo de ahí se entiende muy bien que se exija como un derecho la procreación sin sexualidad, que las nuevas técnicas de fecundación in vitro han hecho posible. El “deseo de un hijo” se transforma en el “derecho al hijo”, sea cual sea el medio para conseguirlo. Lo cual da lugar a nuevas problemáticas: la aparición de un gran número de embriones congelados cuyo destino será, probablemente, la destrucción; el derecho a un hijo sano, con la propuesta abrumadora del diagnóstico prenatal y la dificultad de percibir el derecho a la vida en todos aquellos considerados “imperfectos”.

          La última verdad que resulta hoy difícil de afirmar es la unidad de sexualidad y amor. La sexualidad pasa a ser un modo de experimentar la satisfacción de un deseo, y sus reglas serían las propias de un juego: me apetece, es divertido y placentero… El amor aparece entonces como algo ajeno a la sexualidad, que en algunos casos se puede dar unido a ella, pero que no la informa desde dentro.

Todos preocupados

          Esto genera en nuestros jóvenes una especie de tristeza de corazón que muchos educadores ven reflejada en sus rostros y en sus conductas. La libertad se limita a la elección entre infinitas posibilidades, todas con el mismo valor. Todo parece igualmente válido, y esta postura les plantea problemas que no saben resolver en la soledad en la que muchas veces se encuentran. Jóvenes “envejecidos”, desgastados por experiencias superficiales, que algún día constituirán relaciones en las que la fidelidad de alma y corazón se transforma en algunos casos en una empresa casi imposible.

          Las instituciones políticas están desbordadas, y se están movilizando para intentar frenar el avance de una situación que no saben cómo atajar de raíz. Sus intervenciones generalmente se limitan a aportar más información sobre métodos anticonceptivos.

          Pero es preciso plantear una educación afectiva y sexual que no reduzca la sexualidad a comportamientos sexuales y a nuestros adolescentes a potenciales víctimas de sus “impulsos sexuales”, sino que se les mire como lo que son: personas con un valor único e irrepetible que, a lo largo de las distintas edades y en conjunción con otros procesos de maduración, van adquiriendo un principio de responsabilidad sobre el desarrollo personal. En definitiva se trata de ayudar a niños, niñas y jóvenes a situarse en el mundo en tanto que hombre o mujer, necesitados de amar y ser amados: que puedan aprender a amar.



Para más información sobre el proyecto y los cursos de formación:

Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida
C/ Añastro, 1 - 28033 Madrid
91 343 97 13 - familia.cee@planalfa.es


“Aprender a amar” es un proyecto global dirigido a educadores de adolescentes, jóvenes y niños para facilitarles que les puedan ayudar a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado.

En muchas ocasiones ni la familia ni la escuela ni la parroquia se implican en la educación para el amor, dando por supuesta esta dimensión esencial del corazón humano.

Jóvenes “envejecidos”, desgastados por experiencias superficiales, que algún día constituirán relaciones en las que la fidelidad de alma y corazón se transforma en algunos casos en una empresa casi imposible.

Las instituciones políticas están desbordadas, y se están movilizando, pero sus intervenciones generalmente se limitan a aportar más información sobre métodos anticonceptivos.

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