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Ediciones Cristiandad ha vuelto a editar El espíritu de la liturgia. Una
introducción, una de las obras de Benedicto XVI, entonces Cardenal Joseph
Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
La obra es un diálogo crítico acerca de todo lo que ha acontecido sobre la
reforma litúrgica en los años que van desde la clausura del Concilio
Vaticano II hasta nuestros días. Esta renovación fue uno de los elementos
más característicos a través del las orientaciones trazadas en la
Constitución Sacrosanctum Concilium. Sin embargo, a lo largo de los
años se han producido una serie de abusos y de faltas de criterio que
manifiestan que la renovación tan esperada ha llegado a los fieles
únicamente como meros cambios exteriores, más que como un espíritu. Esto se
ha manifestado en numerosas iniciativas vacías de contenido y en una falta
de crecimiento, madurez y profundidad en el significado profundo y puesta en
práctica de las mismas, traduciéndose en una falta de sentido y presencia de
lo sagrado. Así, la Eucaristía ha pasado de ser “algo sagrado” que ocurre, a
una ceremonia que “hacemos”.
El espíritu de la liturgia. Una introducción de Ratzinger tiene sus
raíces en el libro de Romano Guardini Sobre el espíritu de la liturgia
(1918), porque fue una de sus primeras lecturas después de comenzar los
estudios de teología. Esta obra trataba de animar a celebrar la liturgia de
manera más esencial. Guardini se convirtió en el símbolo y guía del
movimiento litúrgico de principios de siglo, animado a recuperar los
fundamentos del cristianismo, instaurando la conexión entre liturgia,
cristología e Iglesia, intentando superar por un lado la neoescolástica y
por otro el modernismo.
Escrito en 2001, ha sido menos difundido y comentado que otro títulos, pero
por su significado y contenido se trata sin duda de uno de los más
importantes. El Cardenal Ratzinger realiza un análisis teológico riguroso de
todos y cada uno de los elementos que forman la liturgia desde una
perspectiva de continuidad, desde la alianza con Israel del Antiguo
Testamento, la revelación del Nuevo Testamento, la Tradición y el Magisterio
a lo largo de la historia de la Iglesia, hasta las renovaciones que
estableció el Concilio Vaticano II.
La obra se divide en cuatro partes: sobre la esencia de la liturgia; el
espacio y el tiempo en la liturgia; el arte y la liturgia; y la forma
litúrgica. Algunas cuestiones más concretas sobre las que se centra son el
significado del templo, el altar y su orientación, la reserva del santísimo
sacramento, el tiempo sagrado, el arte y las imágenes, la música y el canto,
las posturas y los gestos del cuerpo, los ornamentos, etc.
En sus páginas trata de llamar la atención sobre la importancia de estudiar,
atender y vivir la liturgia desde sus raíces más profundas -haciendo una
severa llamada de atención a los seminarios diocesanos y centros de
formación-, pues es el vínculo para entender la fe del evangelio, la oración
de la Iglesia y la misión en el mundo, distinguiendo entre lo que es
contenido, figura expresiva y realización concreta.
Ratzinger pretende mostrarnos una idea de continuidad y no de ruptura en la
Iglesia, para enseñarnos a vivir la liturgia como un tesoro que nos abre la
puerta hacia lo sagrado, que nos ayude a contemplar y adorar el Misterio. En
este sentido, las formas, los signos y las acciones, deben dar respuesta a
ese espíritu, y éste ha de introducirnos en la misión de la Iglesia para
ayudarnos personalmente a vivir plenamente nuestra vida cristiana. No tiene
ningún sentido fabricar liturgias nuevas, para un hombre viejo y ciego ante
el Misterio. Por eso se afirma que la misión más importante hoy es abrir a
los fieles a este ámbito y descubrirlo como morada sagrada, enseñándoles a
habitar en él.
El
autor no puede ser más claro: la destrucción de la liturgia puede ser
inminente a causa las restauraciones o reconstrucciones desacertadas, así
como por las masas de fieles que pasan de largo. Frente a ello, el objetivo
del libro no es ofrecer investigaciones o discusiones científicas, sino
ayudar a la comprensión de la fe y a su adecuada celebración en la liturgia,
que es su forma de expresión central.
Impulsar un movimiento litúrgico que lleve una adecuada celebración, tanto
interna como externa, cumpliría la intención que le ha movido a realizar
este trabajo.
Destacados:
“La obra de Ratzinger es un diálogo crítico sobre la reforma litúrgica desde
el Concilio Vaticano II hasta nuestros días, referido primordialmente a la
eucaristía”
“Impulsar un movimiento litúrgico que lleve a una adecuada celebración
cumpliría la intención que le ha movido a realizar este trabajo”
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