Ir a página de inicio       -      Volver a sumario

Pinceladas

Ricardo Vargas
Una prioridad
            Eso les dijo Benedicto XVI a los obispos alemanes al despedirse de ellos el verano pasado: que adorar a Dios “no es un lujo, sino una prioridad”.
Y todavía unos pocos días más tarde volvía sobre el mismo tema: “Donde Dios no ocupa el primer lugar, allí donde no es reconocido y adorado como el Bien supremo, la dignidad del hombre se pone en peligro”.

            Ciertamente, el siglo XX está plagado de ejemplos que lo corroboran: intentos de construir un mundo más humano sin para ello esperar nada de Dios, o incluso mirando a la religión como uno de los mayores obstáculos para la plena realización de tales aspiraciones. Desde los gulags soviéticos hasta la vergüenza de Guantánamo, pasando por los Austchwitz o los Tianammen de turno, las muestras de cómo sin Dios el hombre se convierte en auténtico lobo para el hombre se multiplican por doquier.
           Pero esos testimonios trágicos son tan sólo la punta del iceberg de unas sociedades profundamente heridas de falta de Dios: calles llenas de rostros sin sonrisa, jóvenes con temor -si no verdadero miedo- a comprometer su existencia de un modo estable, enjambres de pitonisos/as a cuyas veleidades encomiendan muchos temerariamente sus vidas, sin siquiera conocerlos, etc.

           Una de esas “sociedades sin Dios” ha sido la Alemania del Este, cuyos católicos (menos del 5% de la población) nos abrieron de par en par sus casas y sus corazones el pasado mes de Agosto. Allí, desde hace poco más de 15 años, se abre paso de nuevo la luz de Cristo en medio de los hombres, dejando un reguero de alegría, de servicio amoroso, de familiaridad con Dios.
          Precioso icono de ello es nuestra portada: el joven vicario Johannes (apenas 2 años de sacerdocio) clava su mirada en la cruz de Cristo, plantada en el jardín de un centro donde los agustinos gastan su vida en la atención a discapacitados. Una cruz preparada por jóvenes alemanes, franceses, checos y españoles que se levanta desde este verano en Wittenberg (Alemania) para decirle a quien quiera mirarla: “Allí donde se planta la fe en Cristo brota un río de vida para la Humanidad. ¡Venid a adorarle!”.

[Sumarios]

[ Inicio | Quiénes somos | Revista | Actividades | Espiritualidad | P. Hoyos | Humor | Consultas | Libros | Discos | Enlaces | Descargas | Contacta ]