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Corazón orante
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Arturo J. Otero El bueno de José |
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Comentario al |
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Veíamos en el número anterior -el del verano, ¿te
acuerdas?- que la Virgen enseñó a rezar a Jesús. Y me falta algo, aunque no
lo diga el Catecismo. Pero nuestra Madre la Iglesia, como el Señor, también
presupone que tenemos sentido común. Pues bien, ¿quién estaba con Jesús y
con María? ¿A qué hombre, después de Jesús, quería la Virgen más que a
nadie? Sí, sí… Es quien estás pensando: !San José! El bueno de san José. El
esposo de la Virgen. José fue (¡y es!) para Jesús un verdadero padre, aunque
él no lo hubiera engendrado. Cuando Jesús veía a José, lo escuchaba o era
acurrucado en sus brazos, !qué bien experimentaría aquello que tantos siglos
más tarde diría nuestra amiga santa Teresita, "el abandono -confianza- del
niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre". Y también pensaría en
la Virgen y en san José -¡cómo no!- cuando Jesús dijo aquello de "si no os
hacéis como niños", como niños que se saben del todo necesitados del cariño
y del cuidado de sus padres, y confían en ellos, y no tienen miedo porque
sus padres los quieren y los cuidan. En fin, lo que quería decirte es que San José también enseñó a rezar a Jesús (… y si lo dudas, lee la Carta Redemptoris Custos del Papa Juan Pablo II, sobre san José). Jesús fue creciendo y fue saliendo de casa, como todos los niños, como todos nosotros. El Catecismo dice que también aprendió a orar "en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret". Lo has leído bien: !en la sinagoga de Nazaret! ¿Y quién lo llevaba a la sinagoga de su pueblo? !San José! Y estaría a su lado, y lo vería rezar. !Cómo rezaba José! Jesús se quedaría mirándolo a su lado, y sólo viéndolo rezar iría aprendiendo aquello tan sublime, tan santo y, al mismo tiempo tan cercano, que es el trato con quien más nos quiere, con Yahveh… Y Jesús iba aprendiendo a rezar. A rezar a Yahveh. ¿Aprendió Jesús a rezar a su Padre? ¿Pero si él está con el Padre desde toda la eternidad? !Si él es Dios como el Padre y conoce amando al Padre desde siempre! Y, no obstante, Jesús aprendió a rezar. ¡Qué misterio! Bueno, pues dejamos de liarnos la cabeza y contemplamos el misterio. Qué sencillo y humilde es Dios… !tuvo que aprender a rezar! Déjame terminar hoy gritándole a Jesús con una sencilla exclamación que encierra tanto en tan pocas palabras. Me dirijo a mi Señor, en adoración y gratitud suma, con las palabras de mi muy querido D. Marcelo. Va para ti, Jesucristo… "!Oh Jesús, Amado Jesús, Hijo de Dios, hermano de los hombres, Redentor de la humanidad!" |
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