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Testigos de Jesús

Max Taggi, SJ
De Il Messagio, Mayo 2005
Traducción de agua viva
Santa Margarita María
Sus reliquias recorrerán este mes de Junio diversos lugares de España. Agradecidos a los promotores de esta iniciativa, queremos prepararnos espiritualmente a participar de la gracia de esta inesperada y feliz presencia. Para lo cuál vendrá bien recordar sobre todo quién fue santa Margarita María y qué misión providencial desempeñó en la Iglesia de su tiempo y cual desempeña también hoy.
 

Santa Margarita María

                Nacida en Lauthecourt, en Francia, el 22 de Julio de 1647, era la quinta hija del notario Claude Alacoque y de Filiberta Larryn. Tuvo una infancia y una adolescencia a un tiempo difíciles -a causa de la prematura muerte del padre, de problemas de salud y de épocas que pasó lejos de la familia- y bendecidas con gracias particulares. A los 24 años entró en el monasterio de la Visitación en Paray-le-Monial, donde recibió gracias místicas extraordinarias que en un primer momento le acarrearon incomprensiones y dificultades por parte de sus superioras y de sus hermanas. Una vez disipada esta atmósfera ambiental negativa, gracias también al influjo del superior de la comunidad local de los Jesuitas, el P. Claudio La Colombière (proclamado santo en 1999 por Juan Pablo II), que la dirigió espiritualmente y atestiguó la autenticidad sobrenatural de sus visiones. Por disposiciones de la superiora, Margarita María nos ha dejado memoria escrita de sus experiencias místicas y con ello un mensaje que se ha difundido en todo el mundo y que todavía hoy es significativo para muchas personas. De este mensaje, como es conocido, forman parte las invitaciones al espíritu de reparación de los pecados y a la consagración al Sagrado Corazón, como también un gran estímulo a la comunión frecuente, en particular mediante la práctica de los “primeros viernes” de mes. Todas ellas cosas que, en el contexto de la época fuertemente marcada, especialmente en Francia, por el rigorismo jansenista, iban contracorriente y tenían un valor profético que sólo hoy podemos apreciar plenamente.
 

Valores y límites de Paray-le-Monial

             Los acontecimientos de Paray-le-Monial, fruto de la acción extraordinaria de la gracia en la joven contemplativa visitandina y en el apoyo que ella pudo recibir del iluminado y fino confesor jesuita que la Providencia le había puesto al lado, han contribuido poderosamente a difundir en todo el mundo la devoción al Sagrado Corazón. Han funcionado como hace un repetidor de ondas de radio con los sonidos e imágenes transmitidas por la estación emisora: han permitido a millones de personas verse unidas por un mensaje que, nacido en el recogimiento de la oración de almas privilegiadas, estaba destinado a difundir por doquier una imagen de Dios, encarnado en Jesucristo, más bella, más amable, más verdadera.
Dicho esto, debemos recordar que la devoción al Sagrado Corazón no nació, obviamente, en Paray-le-Monial. Existía ya antes. En el s. XVI fue difundida por san Juan Eudes, pero encontramos expresiones muy intensas ya en algunos místicos medievales (basta pensar en santa Catalina de Siena). Y antes todavía en numerosos Padres de la Iglesia, mientras que sus raíces profundas se encuentran en la Sagrada Escritura, veladamente ya en el Antiguo Testamento y directamente en el Nuevo Testamento, en
particular en el relato de Juan evangelista sobre la transfixión del costado del Señor en el Calvario, obra del soldado romano (cf. Jn 19,34).
 

El aval de la Iglesia

             De todo esto encontramos testimonios de la máxima autoridad en sucesivos pronunciamientos de la Iglesia. Citamos algunos.

                El Redentor del mundo, que, levantado sobre la cruz había determinado atraer todo hacía sí, de un modo maravilloso atrajo hacia sí a su sierva Margarita María Alacoque, para que ella, penetrando hasta dentro de su Corazón, gustase, en la misma fuente, la dulzura del infinito amor y la expandiese en medio de los hombres. Así fue como corrieron como un río por toda la tierra aquellas dulcísimas aguas que había sacado del Costado abierto de Cristo, con el único y ardiente deseo de contemplar los corazones de los hombres purificarse en este océano de aguas vivas y ver nacer en su corazón una fuente que salta hasta la vida eterna” (Pío IX, Decreto de Beatificación, 24 de Junio de 1864).

                La revelaciones con las que fue favorecida santa Margarita María Alacoque no añadieron ninguna verdad nueva a la doctrina católica. Pero su importancia reside en que el Señor, mostrando su Corazón sacratísimo, de un modo extraordinario y singular, se dignó atraer las mentes de los hombres a la contemplación y a la veneración del amor misericordioso de Dios por el género humano” (Pío XII, Encíclica Haurietis aquas).


Un mensaje para nuestro tiempo

              No hace muchos años, el Santo Padre Juan Pablo II quiso encontrarse en el mismo Paray-le-Monial con el superior general de la Compañía de Jesús, el P. Peter-Hans Kolvenbach, para entregarle una carta en la cual le recomendaba calurosamente que la Compañía, depositaria de una “tarea muy grata” (el munus suavissimus), no dejase languidecer su empeño en la difusión de la espiritualidad del Sagrado Corazón, que es esencialmente conocimiento personal y relación afectiva profunda con Jesús Redentor. En aquella ocasión, el Papa acompañó, como han testimoniado personas presentes en el histórico encuentro, la entrega de la carta con estas palabras: Padre, es urgente que el mundo sepa que el cristianismo es la religión del amor. ¡Qué gran verdad! Basta mirar con los ojos del corazón el mundo de hoy, con su sed de luz y sus trágicas sombras, para convencerse de que el Corazón de Jesús es el compendio y la fuente de todo lo que la Humanidad espera y de lo cual tiene una gran necesidad: la paz, la justicia, la serenidad, la solidaridad, in un palabra, la salvación de todo el hombre y para todos los hombres.
 

Esperando esos días de Junio
              Bienvenida sea, pues, entre nosotros Margarita María, extraordinaria protagonista y testigo de la amistad personal con el Señor Jesús y de su Evangelio de la Caridad. El Señor bendiga a cuantos han hecho posible esta maravillosa oportunidad y nos dé a todos nosotros la gracia de beneficiarnos con sencillez y sinceridad de corazón.

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