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Grazie!

Ricardo Vargas
Grazie!
Grazie, gracie infinite, Santo Padre. Son las palabras más repetidas en Roma en los primeros días del pasado mes de abril.

            Muchas sensaciones se experimentan en aquella famosa “cola” que, cual gigantesca serpiente, discurre perezosa por las calles de la Ciudad Eterna, engullida lenta pero inexorablemente por las pétreas fauces de la Basílica de San Pedro. Se agolpan en el alma, pugnando por aflorar, la tristeza de haber perdido a alguien muy querido; la serenidad que brota al contemplar con qué fidelidad ha peleado su combate hasta el final; la alegría de contar con un poderoso intercesor en el cielo que, si tanto ha hecho por nosotros en vida, qué no hará en gloria; un profundo sentimiento de orfandad, porque hemos perdido a un padre…

              Pero más que todo, antes que todo, por encima de todo, lo que impregna hasta el último resquicio de esa marea humana, que tiene asombrado al mundo entero, es un inmenso, un inconmensurable sentimiento de agradecimiento.
                “¿A qué habéis venido?”, preguntan entre curiosos y sorprendidos los mil y un periodistas diseminados por entre la muchedumbre. Y una y otra vez, invariablemente, se escuchan las mismas palabras: “Siamo venuti per ringraziare il nostro Papa” (“Venimos a darle gracias a nuestro Papa”). Es igual de dónde vengan, da lo mismo la edad, el sexo o la condición social. Son verdaderamente un solo corazón y una sola alma.

             Allá arriba, asomados a una de las enormes ventanas que se abren sobre la Via Conciliacione, los niños del Colegio de San Pío X sostienen en sus manos unas cartulinas pintarrajeadas con rotulador en las que se puede leer: “Ci hai cercato. Siamo venuti. Grazie!” (“Nos has buscado. Hemos venido. ¡Gracias!”). Segundos después desaparecen por unos instantes. Al volver a asomarse, de la cola se levanta un prolongado aplauso, tímido primero, cerrado después, arrancado por el mensaje que estos pequeños muestran ahora en nuevas cartulinas: “No en la tierra, sino en nuestros corazones eres tú rey”.

             Grazie, santo Padre, grazie tantisime!

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