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Patrono de las asociaciones y congresos
eucarísticos y de la Adoración Nocturna, hablar de san Pascual Bailón es
hablar de amor a Jesucristo-Eucaristía; amor que se transformaba en amor a
los pobres. Como tiene que ser.
Una vida sencilla
Nacido en
Torrehermosa (Zaragoza), pero su vida transcurrió entre Aragón y Levante:
las tierras de Albacete, Valencia y Murcia le vieron pasar, y fue muy
especialmente en Alicante y Castellón donde se entretejió su andadura
terrena.
De sus padres
había heredado la fe y la caridad. Desde niño fue pastor, y en este trabajo
buscaba la soledad para poder rezar largamente a Jesús, especialmente en
adoración eucarística, y a la Virgen María. Tenía gran interés en aprender a
leer, para lo cual grabó el abecedario en su cayado de pastor, rematado por
una imagen de la Virgen. Cuando podía, se acercaba con el rebaño a una
ermita a rezar.
Esta vida suya de trabajo
y oración desembocó pronto en la llamada del Señor a seguirle como fraile, y
se marcha a Monforte del Cid, en Alicante, al convento de Orito, de la
reforma franciscana de los descalzos o alcantarinos.
En la misma
época en que Pedro de Alcántara y Juan de Dios, Teresa de Jesús y el maestro
Ávila, Ignacio o Francisco Javier recorren los caminos de España, Pascual se
señala como el gran santo del amor a Jesucristo-Eucaristía.
Presencia eucarística permanente y presencia
mariana
Acompañaba ese trato con Jesucristo en la Eucaristía con la devoción
filial a la Madre de Dios, la Virgen María. Desde el primer momento, en la
comunidad franciscana, destacó por su oración, su mortificación y su
caridad. Siempre tenía presente a Jesús en su corazón y en su memoria.
Cuentan que para prepararse a recibir a Jesús en la Eucaristía pasaba horas
en oración y penitencia, porque todo le parecía poco para poder tomar parte
en el sagrado banquete eucarístico.
Por clara inspiración del Señor -pues tenía escasos conocimientos- llegó a
escribir cosas maravillosas y fervorosas, fruto de sus frecuentes visitas al
Santísimo Sacramento, donde encontraba la presencia de Jesús, que no le
abandonaba durante todo el día en sus quehaceres domésticos conventuales.
Durante el día repetía muchas veces la Comunión Espiritual, y la vivía. Sus
escritos, recopilados en el Cartapacio conservado en Villarreal de
Castellón, tocan diversos temas, y su finalidad es, en palabras de su autor,
fomentar la piedad y la devoción a la Eucaristía.
Del amor a Jesucristo Eucaristía al amor a
los pobres
Ese trato
constante y permanente con Jesús se plasmaba después en el trato amoroso con
los pobres. Cuando les daba alimento o vestido, siempre procuraba
instruirles en el amor a Dios.
Toda su vida fue un
desgaste por Jesús y por los hombres, especialmente los pobres. Para
tratarlos adecuadamente Pascual, como todos los santos, primero trataba con
la mayor intimidad a Jesús en la Eucaristía. Este misterio le arrebataba, de
tal manera que muchas veces ante Jesús pronunciaba alabanzas, cantaba, e
incluso danzaba.
La presencia
eucarística le guiaba en el trato con los pobres, los “otros cristos”.
Practicaba la caridad con humildad y sencillez. Les daba todo lo que tenía,
incluso su propia comida, porque veía en los necesitados a Cristo.
Ya en vida fue autor y protagonista de diversos milagros, tanto de
multiplicación de comida, como de curaciones debidas a sus manos, sus
palabras o sus oraciones. Adoctrinaba, pacificaba y convertía.
El abrazo a Jesucristo Eucaristía
Pascual nació el 16 de mayo de 1540, Pascua de Pentecostés; y en otra Pascua
de Pentecostés, el 17 de mayo de 1592, se marchó a dar el abrazo definitivo
a Jesucristo-Eucaristía. De Pentecostés a Pentecostés, pues, su vida terrena
quedó marcada por esa presencia constante del Espíritu Santo.
Tuvo
momentos de peligro en los que dio testimonio ante los herejes de la
presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Y, como dice su bula de
canonización, “faltó el martirio a la cita, no él al martirio”.
Sus últimos
años los pasó en Villarreal de Castellón, donde practicó todo el bien que
pudo. Allí recibió la revelación de su pronta muerte, por lo que expresó su
alegría por la proximidad del encuentro con Jesucristo a quien tanto amaba.
Llegó el
momento de encontrarse con Él, de ir a descansar en los brazos amorosos de
nuestro Padre Dios, y al enterarse todo el pueblo de Villarreal acudió al
convento a venerar al que ya en vida llamaban santo.
Quiera san Pascual Bailón, santo, español, enamorado del misterio
eucarístico, acercarnos a Jesús en este Año de la Eucaristía.
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- “Pan divino verdadero
sácame, Señor, de mí,
recíbeme, Dios, en ti,
que en ti vivo y en mí muero.”
(Cartapacio, Opúsculo II) |