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Testigos de Jesús

Federico Jiménez de Cisneros.
San Pascual Bailón:
enamorado de Jesús-Eucaristía
Patrono de las asociaciones y congresos eucarísticos y de la Adoración Nocturna, hablar de san Pascual Bailón es hablar de amor a Jesucristo-Eucaristía; amor que se transformaba en amor a los pobres. Como tiene que ser.
 

Una vida sencilla

            Nacido en Torrehermosa (Zaragoza), pero su vida transcurrió entre Aragón y Levante: las tierras de Albacete, Valencia y Murcia le vieron pasar, y fue muy especialmente en Alicante y Castellón donde se entretejió su andadura terrena.
            De sus padres había heredado la fe y la caridad. Desde niño fue pastor, y en este trabajo buscaba la soledad para poder rezar largamente a Jesús, especialmente en adoración eucarística, y a la Virgen María. Tenía gran interés en aprender a leer, para lo cual grabó el abecedario en su cayado de pastor, rematado por una imagen de la Virgen. Cuando podía, se acercaba con el rebaño a una ermita a rezar.
          Esta vida suya de trabajo y oración desembocó pronto en la llamada del Señor a seguirle como fraile, y se marcha a Monforte del Cid, en Alicante, al convento de Orito, de la reforma franciscana de los descalzos o alcantarinos.
            En la misma época en que Pedro de Alcántara y Juan de Dios, Teresa de Jesús y el maestro Ávila, Ignacio o Francisco Javier recorren los caminos de España, Pascual se señala como el gran santo del amor a Jesucristo-Eucaristía.
 

Presencia eucarística permanente y presencia mariana

             
Acompañaba ese trato con Jesucristo en la Eucaristía con la devoción filial a la Madre de Dios, la Virgen María. Desde el primer momento, en la comunidad franciscana, destacó por su oración, su mortificación y su caridad. Siempre tenía presente a Jesús en su corazón y en su memoria.
Cuentan que para prepararse a recibir a Jesús en la Eucaristía pasaba horas en oración y penitencia, porque todo le parecía poco para poder tomar parte en el sagrado banquete eucarístico.
Por clara inspiración del Señor -pues tenía escasos conocimientos- llegó a escribir cosas maravillosas y fervorosas, fruto de sus frecuentes visitas al Santísimo Sacramento, donde encontraba la presencia de Jesús, que no le abandonaba durante todo el día en sus quehaceres domésticos conventuales. Durante el día repetía muchas veces la Comunión Espiritual, y la vivía. Sus escritos, recopilados en el Cartapacio conservado en Villarreal de Castellón, tocan diversos temas, y su finalidad es, en palabras de su autor, fomentar la piedad y la devoción a la Eucaristía.
 

Del amor a Jesucristo Eucaristía al amor a los pobres

           
Ese trato constante y permanente con Jesús se plasmaba después en el trato amoroso con los pobres. Cuando les daba alimento o vestido, siempre procuraba instruirles en el amor a Dios.
           Toda su vida fue un desgaste por Jesús y por los hombres, especialmente los pobres. Para tratarlos adecuadamente Pascual, como todos los santos, primero trataba con la mayor intimidad a Jesús en la Eucaristía. Este misterio le arrebataba, de tal manera que muchas veces ante Jesús pronunciaba alabanzas, cantaba, e incluso danzaba.
            La presencia eucarística le guiaba en el trato con los pobres, los “otros cristos”. Practicaba la caridad con humildad y sencillez. Les daba todo lo que tenía, incluso su propia comida, porque veía en los necesitados a Cristo.
Ya en vida fue autor y protagonista de diversos milagros, tanto de multiplicación de comida, como de curaciones debidas a sus manos, sus palabras o sus oraciones. Adoctrinaba, pacificaba y convertía.
 

El abrazo a Jesucristo Eucaristía

              Pascual nació el 16 de mayo de 1540, Pascua de Pentecostés; y en otra Pascua de Pentecostés, el 17 de mayo de 1592, se marchó a dar el abrazo definitivo a Jesucristo-Eucaristía. De Pentecostés a Pentecostés, pues, su vida terrena quedó marcada por esa presencia constante del Espíritu Santo.
             Tuvo momentos de peligro en los que dio testimonio ante los herejes de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Y, como dice su bula de canonización, “faltó el martirio a la cita, no él al martirio”.
            Sus últimos años los pasó en Villarreal de Castellón, donde practicó todo el bien que pudo. Allí recibió la revelación de su pronta muerte, por lo que expresó su alegría por la proximidad del encuentro con Jesucristo a quien tanto amaba.
            Llegó el momento de encontrarse con Él, de ir a descansar en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y al enterarse todo el pueblo de Villarreal acudió al convento a venerar al que ya en vida llamaban santo.

               Quiera san Pascual Bailón, santo, español, enamorado del misterio eucarístico, acercarnos a Jesús en este Año de la Eucaristía.

- “Pan divino verdadero
sácame, Señor, de mí,
recíbeme, Dios, en ti,
que en ti vivo y en mí muero.”
(Cartapacio, Opúsculo II)

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