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Corazón vivo
| Francisco
Cerro Corazón de Jesús, alegría de la Pascua |
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El centro de nuestra fe es Cristo muerto y
resucitado. Esto es el Misterio Pascual. La alegría permanente de un
cristiano. Sabemos que con su muerte nos ha dicho que nos quiere con locura
y con su resurrección nos dice que vive para siempre, para ayudarnos en el
camino de la vida. Nuestra alegría se llama Jesús. Es una alegría que nunca
pasa. Es una alegría que siempre nos llena el corazón de esperanza. El
Corazón de Jesús, que vive hoy para siempre, es la alegría permanente, es la
Pascua definitiva, es el amor que vive ofrecido. Cantar en la Pascua el Aleluya es saber que nuestra vida tiene sentido cuando todo lo vivimos desde Jesús. Él es nuestra alegría. Nuestro gozo. Con Cristo vivo todo se enfoca desde el amor que vence todas las dificultades y nos ayuda en todos los momentos de nuestra vida a vivir con una alegría duradera. La alegría de la Pascua dura siempre. Es permanente. Es el triunfo del amor y de la vida. Siempre nos alumbra en todas las oscuridades. El Misterio Pascual nos dice que el camino de dirección obligatoria es la cruz, pero el destino de nuestro seguimiento de Cristo es la resurrección. Con Cristo sabemos el final. El final es el triunfo de la Pascua de Jesús, pues “resucitó de veras mi amor y mi esperanza”. Francisco Cerro |
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