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Testigos de Jesús
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Federico Jiménez de
Cisneros |
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Pedro Herrero Rubio nació en Alicante el 29 de abril de 1904. Era hijo único del matrimonio de Pedro Herrero Martínez y Emilia Rubio Cabrera. Fue alumno destacado en el Colegio de los Hermanos Maristas y en el Instituto de Alicante. Estudió Medicina en Madrid con brillantes calificaciones. Médico excepcional, de vocación, participó activamente en la transformación de la Pediatría. Le recordamos como el médico de los niños de Alicante, lleno de bondad entrañable en su atención a todos. Y también recordamos su profunda religiosidad, tanto en privado como en público, su participación entre los fieles en las procesiones del Corpus Christi, en la presidencia de la Borriquita, rezando el Rosario en la Hermandad Penitencial del Perdón o como cargador anónimo llevando el paso del Cristo de la Buena Muerte en la procesión del Silencio. Era un hombre profundamente eucarístico, adorador nocturno del turno tercero “Inmaculada Concepción” en la iglesia de Santa María. Siempre con Jesús en la Eucaristía Era fácil, muy fácil encontrar a Don Pedro Herrero diariamente acompañando a Jesús Eucaristía, en la iglesia de las Madres Capuchinas, a pocos metros de su casa, o en la catedral, que era su parroquia, y mensualmente en la vigilia de la Adoración Nocturna. Además, acompañaba a Jesús Eucaristía en la procesión del Corpus Christi, y algunas veces los primeros viernes ofrecía su coche para llevar la comunión a los domicilios de enfermos en lejanas barriadas.
A pesar de las muchas ocupaciones profesionales de su vida, don
Pedro siempre estaba unido a Jesús Eucaristía. Hizo de la presencia de
Jesús en la Eucaristía el centro y el eje de su vida diaria. Después de adorar a Jesús en la Eucaristía, esa presencia del Señor se manifestaba en el trato con los demás, tanto médicos como enfermos. Algún compañero médico contaba de don Pedro que cuando se acercaba comentaban: “ahí llega san Pedro”, y si el tema de conversación no era adecuado, lo cambiaban. Y esta consideración de santo en vida no era exclusiva de sus compañeros médicos; muchos que le trataban consideraban que era un hombre santo, y al comprobar sus largos ratos de adoración ante Jesús Sacramentado, comprendían de dónde le venía a don Pedro su “santidad”.
Un médico cristiano El padre dominico José Antonio Martínez Puche realizó hace algunos años un documental sobre este cristiano médico ejemplar en su célebre programa religioso de Televisión Española. Muchos de los que conocimos a don Pedro seguimos con atención y emoción las pinceladas humanas y espirituales suyas que allí se nos ofrecieron. A pesar de su necesaria brevedad, se intuía que estábamos ante un gigante cristiano, ante un médico cristiano excepcional. Casado en 1931 con Doña Patrocinio Javaloy Lizón, el Señor no les concedió hijos, pero tuvo como hijos a todos los niños de Alicante. Recuerdo perfectamente su consulta, el exquisito trato con padres y niños, la confianza y tranquilidad que rodeaba el reconocimiento del niño enfermo, y especialmente su conversación amena y agradable, siempre constructiva, con sentido sobrenatural. Se le podía encontrar tanto en el Hospital como en la Maternidad. Igual atendía en su domicilio, en consulta privada, como en la Beneficiencia Municipal, o a los niños de los trabajadores del puerto de Alicante, y llegó a pasar con frecuencia consulta gratuita en las cuevas del castillo donde vivía gente pobre, y si hacía falta les llevaba en su propio coche al Hospital, o les pagaba las medicinas. Cuentan que para ser un buen médico es necesario ser un médico bueno, y ello implica ser un hombre bueno. Don Pedro lo era.
El paso a la Casa del Padre A una persona como don Pedro, de vida profundamente eucarística, cuando le llega la hora de la muerte, considera ésta como el momento del encuentro definitivo con Jesús, a quien tanto ha amado en el Sacramento del Altar. Es el paso a la Casa del Padre. Murió el 5 de noviembre de 1978, y su misa funeral se celebró en la Catedral de San Nicolás en Alicante, presidida por el Obispo Don Pablo Barrachina y Estevan, quien antes de acabar el funeral anunció que quedaba abierto su proceso de beatificación. La Catedral, llena a rebosar, estalló en un atronador aplauso de adhesión. Los restos de don Pedro descansan en el Cementerio de Nuestra Señora del Remedio, en Alicante, a la espera de la Resurrección definitiva. Veinticinco años después de su muerte, nunca faltan oraciones y flores en su tumba. |
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