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Imágenes para orar

 

Guillermo Camino Beazcua
La Eucaristía, fuerza para el combate

Cristo servido por los ángelesDesde la Palabra de Dios:

Los versículos tomados de los evangelios de Mateo (“Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían  Mt 11,4b ) y de Marcos ( “Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían” Mc 1, 13b); han suscitado la creatividad de artistas para representar el final de la experiencia de Jesús en el desierto. El pasaje de las tentaciones ha sido interpretado según diversos modelos. Una interpretación en conjunto, nos ofrece el sentido amplio de  la finalidad del pasaje: mostrar cómo Jesús propone un modelo alternativo de ser persona (interpretación parenética y psicológica), de ser Mesías e Hijo de Dios, como representante del verdadero pueblo de Dios, (interpretaciones cristológicas).

Las tres tentaciones tienen como elemento clave una constatación: Jesús testimonia su ser Hijo de Dios, (atribución conferida por el Bautismo), con la docilidad a la Palabra de Dios manifestada en el Antiguo Testamento, y vence así a Satanás.

Vencido el diablo, el espacio y el diálogo que éste ocupaba, son cedidos a los ángeles, cuya actitud no es escrutar ni separar al Unificado, sino servir y reconfortar. El combate concluye en banquete festivo; hay razones para la esperanza: las fuerzas desgastadas se ven reconfortadas y acrecentadas.

Desde nuestra tradición cultural y catequética:

Quienes desde la fe ponemos una imagen a este momento regenerador, nos imaginamos al Señor sentado, servido por ángeles que le reconfortan con sus dones.

El espacio queda configurado siguiendo el modo clásico de la disposición del penitente: un espacio íntimo, ángulo inferior del lienzo, que se abre a la profundidad el horizonte. El perfil del accidente geográfico (cueva o montaña) divide el lienzo en dos secciones:  la intimidad en la que se recorta la imagen de Cristo, que acaba de vencer al Diablo, y la lumínica en el que aparecen los ángeles que celebran la victoria.

Los dones ofrecidos son símbolo de las decisiones adoptadas en el combate:  el rechazo a la intemperancia, la vanidad y la codicia. Por eso, no se ofrece a Cristo un banquete al modo de los que recibían los héroes clásicos, colmados de carnes y licores; sino que se  presentan signos del alimento espiritual. Cristo recibe el don del alimento celestial bajo la forma de frutos maduros (manzanas, peras, uvas) que en la tradición iconográfica significan el alimento eucarístico (recuérdese el significado del Muchacho con cesto de frutas de Caravaggio). La mesa se convierte en altar en la que Cristo acepta las ofrendas.

El modo como Cristo las recibe expresa el sentido de su mesianismo. Como profeta, se lleva la mano al oído escrutando el valor de la Palabra con la que ha vencido; como rey, está colocado de frente, sentado y recibiendo al reverente ángel; como sacerdote bendice los dones presentados. Un segundo grupo de ángeles portan una cesta con frutos semejantes, cuya disposición asemeja a la corona que engalana al vencedor.

 

Una imagen para orar

- Lee atentamente la Palabra de Dios en el evangelio de Mateo, 4, 1-11. 
- Descubre el valor de los argumentos bíblicos que Jesús presenta al tentador.
- Repite cada uno de estos argumentos, y enúncialos en primera persona, haciéndolos tuyos.
 - Considera de cada uno de ellos si hay momentos en tu vida en que no los haces verdad. Siente la experiencia de debilidad al ver que la intemperancia, la vanidad y la codicia, el materialismo, el sensacionalismo y el poder, están presentes en tu vida.
- Piensa en esas situaciones y proponte como criterio ante situaciones así, estas palabras del Señor que fueron su arma en el combate.
- Proclama el salmo 91, sintiendo que el Señor no deja solos en el combate a quienes deciden militar por su causa. “Te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra... su brazo es escudo y armadura”.
- Contempla la imagen que sugiere este lienzo. Nos recuerda “¿cómo se alimenta un campeón?”. No es sólo el banquete festivo de la victoria, sino el modo en que se regeneran y acrecientan las fuerzas para el combate. En el desierto de la vida, siéntate como Cristo y deja que te alimente con su Palabra. Conoces la mesa donde te sirve su pan. No dejes de tender el manto de tu existencia para hacer de él el paño de altar donde puedas celebrar el paso por tu vida.
-Contempla, en fin, que Cristo te invita a sentarte con él, amplía su mesa y te hace comensal para juntos empezar de nuevo la tarea de ser testigos.
- A este Cristo, comensal y anfitrión, entrega y don, desgaste y fuerza, ora con palabras que prosigan esta plegaria:

Siento tu llamada al desierto. Soy capaz de abandonar mis ruidos para afinar las cuerdas de mi corazón. Quiero encontrarme con la razón de mi existir. Voy a tensar los ánimo caídos. Aprendo de ti, maestro de la Palabra. Hago de ella mi argumento, hago de tus palabras mis convencimientos. Llevo a mis dudas tus seguridades. Hazme capaz de responder como tú. Encuentro en tu PAN el alimento con que creces en mi interior, para luchar en mis luchas, para crecer en tus seguridades”.

A propósito del lienzo “Cristo servido por los ángeles”,
óleo anónimo de la segunda mitad del siglo XVII.

procedente del Convento de la Merced Calzada, Valladolid, hoy en el Museo Nacional de Escultura.

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