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Id y evangelizad

 

Gonzalo Mazarrasa
Vicerrector del Seminario Misionero de Perth (Australia)

Las multas

Estoy en la ciudad mas aislada del mundo y aquí nunca pasa nada digno de contarse. Donde si que pasa es en España. Por eso llevo mas de un mes en silencio, pero me veo obligado a romperlo ante la insistencia de mis lectores, ávidos de noticias y aventuras.
               Así que, no teniendo nada mejor que contar, les voy a relatar cómo Australia Occidental es el paraiso de... 

 

Las multas

 

Hace algo menos de un año, antes de venir a este remoto lugar, tuve la inútil precaución de sacarme una licencia internacional de conducir, valedera por un año, allá en España.
               Luego, al llegar aquí, supe que durante tres meses me valía mi permiso español de siempre, y que después tenia que sacarme el australiano.
               A la vuelta de las vacaciones de Navidad fui a sacarme, pues, el susodicho permiso australiano, cosa que logré sin mayores contratiempos después de someterme a un test por ordenador. De treinta preguntas acerté veinticinco. Veinticuatro era el límite aceptable, de modo que acabo de estrenar mi nuevo carnet.
               Aquí, además de conducir por la izquierda, los límites de velocidad son draconianos y se respetan a la letra… bueno, al número. Si pone 60, todo quisque va a 60. Recuerdo que, después de unos meses aquí, cuando volví a España en diciembre y me vi envuelto en la vorágine del trafico madrileño, me entró verdadera angustia, acostumbrado a ir a 60 a todas partes. Me adelantaban hasta las señoras de la compra con el carrito -y sin coche-. “¡Van como locos!”, me decía una y otra vez. 

Pero bastaron unas navidades en España para volver a Perth y que me cascaran mis dos primeras multas en Australia. La primera fue hace más tiempo, pero no me enteré hasta hace diez días. Era domingo y yo iba con un seminarista a celebrar la Misa en español para los emigrantes. El límite -como no- era 60, y yo, según la dichosa foto, iba a 71. Grandísimo pecado éste para la cultura anglosajona que aquí impera, y que me costó la broma de 100 dólares australianos -10.000 pelas- y un "demerit point" o punto de demérito, de los doce con que cuentas al sacar el carnet (por cierto, creo que en España lo van a poner ahora, ¡así que mucho cuidadito!)
               De todo esto te enteras cuando llaman al dueño del coche -el seminario, y en su lugar Alex, el administrador- a reconocer al conductor en la foto de marras. "¡Pero si es Father Gonzalo!", debió de decir al amable funcionario.

La segunda multa fue más entretenida. Iba yo a la sazón a decir Misa en Lancelin, localidad costera a 120 Km de Perth, y mientras tanto trataba de explicar a Antonio, seminarista napolitano que dejó de estudiar a los 12 años y que ahora, jardinero de profesión y con 36 primaveras a sus espaldas, de pronto quiere ser sacerdote en Australia; iba explicándole, digo, como se reza el Padrenuestro en inglés. Puedo asegurarse que no es tarea fácil, y menos mientras se conduce.
               De pronto, mientras repetía por enésima vez eso de "forgive us our trespasses as we forgive those who trespass against us", veo por el retrovisor un coche de policía con las lucecitas de colores y todo -como en las películas americanas-. Sólo que las lucecitas esta vez eran en mi honor. 
               Preso del pánico, me detuve en la cuneta. Me puse la tirilla blanca del clergyman, por si el agente era católico y se apiadaba. Pero quiá, debía de ser librepensador, porque me espeto: “but you were flying!”. Por lo visto iba a 119 Km/h donde sólo se podía ir a 90.
               En resumen, 150 dólares más del ala y tres puntos de demérito, con lo que, después de dos meses de carnet, solo me quedan ocho para los próximos tres años. 

El caso es que por aquí se ven unos cochazos imponentes, pero lo más imponente es verles a todos ir a 60. La cilindrada para lo más que te sirve es para alcanzar los 60 en dos segundos en vez de en tres o cuatro, después que el semáforo se pone en verde. Los adelantamientos son eternos, porque uno va a 59 y el otro a 61. Menos mal que suele haber dos carriles por sentido, aunque no siempre.

En fin, que esto es Australia Occidental. Comprenderéis que no tenga muchas ganas de escribir.

Santa Cuaresma a todos.

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