Ir a página de inicio       -      Volver a menú revista

Hacia la Civilización del Amor

 

José Ramón Peláez
No tengáis miedo

            Como el dolor, el miedo es algo positivo, lo necesitamos para defender la vida, nos alerta de que algo va mal para poner remedio. Cuando aparece en el discernimiento en principio es también positivo, significa el realismo de la opción que se plantea. En los relatos de vocación de la Biblia los llamados sienten miedo; cuando se aparece el Resucitado, los apóstoles sienten miedo, y los saluda diciendo: “No temáis”. También María se asusta y el ángel le saluda: “No tengas miedo”. El propio Jesús, ante su pasión, sintió angustia hasta sudar sangre. Este miedo inicial significa el realismo de lo que se plantea, que esa llamada es posible en la vida de esa persona y siente el peso de la responsabilidad y de sus consecuencias.

            En lo que tiene de negativo, de bloqueo o de tentación que lleva a la traición, como a Pedro cuando niega al Señor, el miedo significa falta de amor. Lo dice la carta de san Juan (1Jn 4, 18): el que ama no teme ya perder la vida, sino que ya ha decido interiormente entregarla y entonces es libre, libre hasta de sus propios miedos.

            Así lo indica también S. Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual: “el alma bien enamorada, que estima a su Amado más a que a todas las cosas, confiada del amor y favor de él, no tiene mucho que decir: NI TEMERÉ LAS FIERAS”. La estrofa se refiere a los trabajos del alma para alcanzar a Dios, unos trabajos que consisten en unir vida activa y contemplativa, la lucha y la contemplación; el ejercicio de las virtudes (montes) y el combate contra los deseos de deleite material o espiritual (riberas). En el camino aparecen tres obstáculos: la seducción de las riquezas y los gustos (flores), los miedos del mundo (fieras) y la tentación del demonio y de la carne (fuertes y fronteras). El santo dice cuales son estos miedos:

-          Perder el favor del mundo, los amigos, el crédito, el valor y aun la hacienda.

-          Sufrir y no tener más contentos ni deleites del mundo.

-          La burla y la mofa de las lenguas.

            Entonces el miedo significa “miedo a perder”, no sólo la vida. Es miedo a perder aquello que nos da seguridad, los deseos más fundamentales del corazón. No es sólo falta de amor, es un síntoma que nos dice cuáles son nuestros verdaderos amores. Podemos pensar qué nos da miedo perder: el trabajo,  nuestros padres, los hijos, el cariño de la esposa, el aprecio del jefe, el dinero, nuestro descanso,... . Ya dice el Señor que donde está tu tesoro ahí está tu corazón, de modo que aquello que queremos defender y guardarnos más celosamente eso es lo que tiene atrapado nuestro corazón. El miedo nos descubre la verdad del corazón. Decía San Agustín: “mi amor es mi peso”, mi centro de gravedad, lo que me arrastra, aunque piense que mis opciones son otras.

            Por eso, uno de los dones del Espíritu es el Temor de Dios. No se trata de tener miedo al castigo (1Jn 3, 28) sino del temor de quien ama a fallar y no ser fiel… en aquello que más aprecia la persona amada. Este don hace que la voluntad de Dios sea nuestro mayor deseo, que el Reino de Dios y su justicia sea el centro del corazón desterrando los demás amores y seguridades.

            Una manifestación menor del miedo es la vergüenza: “el que se avergüence de mi ante los hombres…, dice Jesús. Es el miedo a fallar ante quien tiene autoridad y cuya opinión nos parece fundamental. La vergüenza nos avisa del peso en nosotros del deseo de ser apreciados y defender una imagen. Es un síntoma que nos ayuda en el discernimiento; nos indica que no nos sentimos amados verdaderamente, que no tenemos seguro el amor gratuito de Dios, o de la esposa, o de los amigos… sino que vivimos en la ansiedad de tener que conquistarlo a base de mostrarnos como no somos. El que se sabe amado a muerte por Cristo ya no necesita otro amor que sacie su sed.

Con estas palabras inició Juan Pablo II su misión. Muchas veces los sacerdotes hemos escuchado: “es que me da miedo”, cuando el Señor toca a alguien para que le siga en radicalidad. Parece que tras el 11-S y el 11-M el miedo es un componente más de nuestra cultura, que busca la seguridad (desde mi ventana veo los balcones con alarmas). En estas líneas queremos reflexionar sobre él y su significado en el discernimiento espiritual.

[ Inicio | Quiénes somos | Revista | Actividades | Espiritualidad | P. Hoyos | Humor | Consultas | Libros | Enlaces | Descargas | Contacta ]