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Iglesia del Señor

 

Florencio García
Familias para una nueva Evangelización

Mucho se habla de Nueva Evangelización, del ardor que debe acompañarla, de los nuevos métodos, etc. 
            Sin embargo esta Nueva Evangelización corre el riesgo de no fructificar si no  alcanza a la raíz de la persona, y difícilmente será esto posible si a su vez no llega a la raíz de la que se nutre la persona: la familia. Ese ambiente sin el que es imposible vivir y desarrollarse adecuadamente a las exigencias de todo el ser de la persona.

La familia es el lugar privilegiado donde cualquier miembro de la misma puede alcanzar esa plenitud de vida cristiana que pretende la Nueva Evangelización. No sólo en el caso de los pequeños -en los que es evidente-, sino también en los jóvenes y adultos, si es que ese hogar familiar es verdaderamente eso: “hogar”. Es ahí donde se dan las condiciones más propicias para el desarrollo de los miembros de esa familia tanto a nivel natural como sobrenatural. No en vano la familia es el espacio más adecuado, que más corresponde a las necesidades vitales de todo tipo que la persona necesita. También las espirituales: dar sentido trascendente a su vida, saber con certeza cuál es el ideal de la vida, para que sirve vivir y morir, etc.

Para que esto sea posible, es precisa la evangelización de la familia. También de las que nos decimos familias cristianas. Y es que la Nueva Evangelización de la familia exige una humildad de raíz que desee la verdad de su ser en profundidad, que esté dipuesta al cambio que Cristo y la Iglesia necesitan y esperan de nosotros. Algunos puntos a tener en cuenta nos ayudarán a concretar cómo está llamada que el Señor a través del Papa nos urge a llevarla a la práctica:

Ser apóstoles en la familia de la Nueva Evangelización es urgente, y necesario: nunca se ha hablado tanto de la familia a todos los niveles, y nunca ha existido tanta confusión como ahora propósito de la identidad familiar. Nunca se ha hablado tanto de la familia, y sin embargo nunca se le ha hecho menos caso en instancias políticas y culturales (excepto por parte de la Iglesia) que en el momento actual. Los ejemplos que lo manifiestan están en la mente de todos.
            La familia es hoy como aquél paralítico del evangelio que no tenía a nadie -“¡no tengo hombre!…”- que le llevara al agua regeneradora de la piscina probática. No podemos quedarnos tranquilos y pasivos ante tantas familias que no tienen a nadie que les conduzca a la Fuente de la Salvación.

El apostolado familiar es posible, pues ha de realizarse en la familia y por la familia. Las familias han de ser los principales agentes evangelizadores de otras familias. Ésta es una tarea insustituible que no puede ser encomendada principalmente a otros agentes de pastoral, so pena de una irresponsabilidad flagrante de las mismas familias.
            Además este apostolado es posible porque hacer apostolado es AMAR, es llevar el Amor de Dios a los otros, para que éste fructifique en el lugar donde se siembra. En este caso, en la familia.

Y ha de ser cordial, en varios sentidos: ha de nacer del corazón, ha de tocar el corazón de la familia, ha de ser reflejo del único Corazón que sabe amar de veras: el de Jesús.
            El fruto, vendrá. No sabemos cuando, pero ciertamente, como alguien ha dicho, “donde se hace fuego, siempre queda la señal”.

Quizás el comienzo del año 2005, sea una buena ocasión para tomarnos en serio esta llamada del Señor en un momento y en un contexto dificilísimo, pero magnífico.

"El nacimiento de una nueva familia es siempre un gran acontecimiento. Lo es para los esposos, cuyo amor mutuo se enriquece y afianza con la gracia divina. Lo es también para las respectivas familias y para la sociedad, pues una convivencia fiel que no caduca, conlleva nuevas esperanzas y promesas de vida. 
Pido a Dios que les ayude en este nuevo estado de vida, para que formen un hogar feliz."

Juan Pablo II
A D. Felipe y Dª Leticia,
Príncipes de Asturias (28.06.04)

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