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Este verano nuestros olímpicos se trajeron de Atenas 19 medallas.
Hasta 71 se trajeron después nuestros paraolímpicos. Dos de ellas (una
de oro y otra de bronce) las ganó José Javier. Este toledano de pro,
talaverano por más señas, fue campeón del mundo en 1994 y es ahora
campeón olímpico en la modalidad de boccia (deporte emparentado
con la petanca). Pero hablando con él queda claro que, ante todo, es
campeón en otra especialidad: cómo sacarle el jugo a la vida y
entregarla en medio del sufrimiento.
Ahora te has hecho “famoso”…
¡Demasiado
famoso! Mañana tenía comida con el presidente de Castilla-La Mancha (que
al final se ha suspendido) y por la noche me van a entregar un premio;
pasado mañana, el apadrinamiento de una asociación de discapacitados; el
día siguiente, retiro, en Toledo... ¡y después me enterráis!
¿Y como se lleva eso de “ser famoso”?
Muy
mal, fatal, porque si te digo que el primer día que salí a la calle, con
la intención de llevar las medallas a la Basílica y ofrecérselas a la
Virgen… bueno, ¡pues tardé una hora! Me paraba la gente, me saludaban,
me felicitaban. Yo decía: “Éste, ¿quién es? ¿Pero cómo han podido
enterarse en un solo día?”. Luego me enteré que la noticia había
tenido mucha repercusión a nivel local. Incluso la tarde que gané me
llamó por teléfono el alcalde de Talavera, y luego aquí me han dado el
bastón de mando de la ciudad. ¡Por favor!… Les estoy muy agradecido,
solo que no va conmigo, ¿sabes? Hasta han hecho unos carteles con una
foto mía anunciando una cena benéfica. Pero, ¿que hago yo repartido por
toda la ciudad? Si es que no lo merezco, no van conmigo esas cosas.
Lo de Atenas ha sido para ti toda una experiencia, ¿verdad?
La
mejor experiencia de mi vida.
Sí,
porque tú no sabes lo que es convivir con diez mil personas entre
deportistas, asistentes, entrenadores, etc; de distintas confesiones, países,
culturas, ¡y sin ningún problema! Allí estaban Israel y Palestina,
Estados Unidos e Irak, muchos pueblos de África que están pasando hambre
y se están pegando tiros... ¡sin ningún problema! He conocido a un montón
de gente.
Además,
Atenas es un lugar simbólico, muy grande para un deportista.
Y
cuando gané la medalla de oro... ¡puf! No me lo creía. Miré al cielo y
dije lo mismo que hace diez años, cuando gané el campeonato del mundo:
“¡A mayor gloria de Dios!”. Y empecé a tirar besos al aire.
Entonces, un compañero de la selección española me preguntó: “Oye,
¿por qué tantos besos al cielo? ¿Por los niños?”. Unos niños que
habían muerto esos días en accidente de tráfico, camino del estadio.
“No. Bueno... en parte también, pero son para el Señor”. “¿El Señor
de qué?”, me decía. “Ah, perdona, es que como estoy habituado a
hablar así…”, le expliqué. “Ah, es verdad, que tú eres
religioso”. El triunfo se lo debo a Él.
Todo esto ha sido para ti un sueño acariciado desde niño. Pero
no en las Paraolimpíadas, sino en las Olimpíadas, ¿verdad? Porque tú
has sido siempre deportista, pero no siempre has estado en silla de
ruedas.
Sí, he soñado con ello muchísimas veces. He jugado mucho al
tenis, al fútbol, al baloncesto. Estando estudiando en Madrid, me
levantaba todos los días a las siete para correr 4 Km antes de clase, ¡que
hay que tener ganas! Después de clase comía y jugaba un partido de fútbol
o un partido de tenis, etc.
Pero ahora llevo en la silla de ruedas once años. Anteriormente
estuve ocho años que no estaba en silla de ruedas pero me cansaba mucho.
Tengo una parálisis cerebral de nacimiento, pero que me permitía hacer
vida normal. En 1985, con 21 años, se le asoció una distonía muscular
progresiva, y desde entonces hasta 1993 fui progresivamente acusando una
falta de control sobre mis músculos, sobre todo el tronco y la cabeza.
Se te rompieron un montón de ilusiones, claro, fue un golpe
duro.
Fue
muy fuerte.
Lo
primero, la carrera. Estudiaba 3º Pedagogía, ¿y qué hacía yo con sólo
tres años?
Luego,
algunos amigos me dieron de lado. Esas cosas yo no las entiendo. Sólo las
puede entender el Señor. Ellos sabrán...
Antes
estaba bien, podía caminar, estudiar fuera, etc., y ahora pensaba: “¿Por
qué el Señor me habrá castigado con esto?”
Porque
tú tenías fe, también entonces.
Sí,
sí, siempre la he tenido. Fíjate que, cuando corría, siempre rezaba
antes de las carreras. Y si ganaba, ofrecía los trofeos a la Virgen. Los
compañeros me llamaban “el capillitas”, jeje...
Pero
claro, lo que me había pasado era muy fuerte, y no entendía nada.
¿Y
qué pasó, pues?
Por
entonces conocí un movimiento cristiano, Getsemaní, y a mí fue
algo que me impactó muchísimo. Al caer en la cuenta de cómo el Señor
había ofrecido todo con amor para redimir a los hombres, dije: “Toma
cruz, José Javier.” Y dije: “Adelante, y ámala con todas las
consecuencias”. Y eso me da muchísima fuerza, me da alegría, porque si
no, no estaría aquí ahora mismo.
La
fe es un don, es verdad, pero es algo que hay que alimentar. El otro día,
sin ir más lejos, escuchaba decir a un sacerdote: “Un cristiano sin
cruz ni puede ser santo ni puede ir al cielo”, y es verdad. A mí esa fe
me da mucha paz, y también mi relación con el Señor. La oración es
fundamental. Lo he visto en mi vida.
Tal como anda el patio, hay una pregunta ineludible: ¿qué
opinas tú, con una vida marcada por la enfermedad y el sufrimiento, de la
eutanasia?
¿Qué
quieres que te diga? Hace un año me invitaron a un programa de la
televisión de Castilla-La Mancha, el programa de Irma Soriano, para
hablar sobre la eutanasia. Yo dije que sí, que estaba en contra. ¡No me
dejaron más que dos minutos, y encima la presentadora tomó partido a
favor!
Luego
he dado una charla hace quince días con gente muy importante. Fíjate,
yo, junto con un profesor de bioética de la universidad, otro médico…
Es que tú tienes un “máster”, Javi: once años en silla de
ruedas y otros ocho de enfermedad, no están mal para empezar...
Estuve en esa charla, sí, aunque no era digno. Y sí que dije una
cosa, y es que mi vida no es mía. Esta vida no es nuestra, pertenece a
Dios y a él tenemos que dársela. Con sufrimiento, sin sufrimiento, como
sea.
Pero eso tú lo tienes claro por tu experiencia de fe, pero
seguro que te has encontrado con discapacitados que no tienen esa luz. ¿Qué
les has dicho?
Es que no se puede decir nada, porque ellos me ven, simplemente.
Mira,
tengo una anécdota muy curiosa precisamente en Grecia, con la selección
española. A uno de mis compañeros se le abrió un día una fístula. ¡Tenía
unos dolores, el pobre! Además, él no puede hacer nada por sí mismo, no
es capaz de manejar ni brazos, ni piernas… depende para todo de su
padre, que es su acompañante. Bueno, pues llegamos al pabellón para
jugar y se tuvo que echar en una colchoneta por el dolor. Cuando yo llegué,
un poco más tarde, me dijeron: “Oye, Javi, que te está llamando
Santi”. Cuando me acerco a él me dice llorando: “Tú que tienes fe,
reza por mí, que lo estoy pasando fatal”. Es impresionante, las
personas que no tienen fe, incluso te piden a ti que reces por ellas. Es
un don de Dios y todos los día pido que me de más fe porque tengo poca.
O sea que la cosa no es hablar, sino el testimonio de la propia
vida. Ante casos así, no sueles soltar muchos “sermones”.
No.
Si te preguntan, cuentas tu testimonio y ya está.
Por
supuesto, yo nunca niego que soy cristiano, católico. A mí me han visto
el rosario, y te dicen: “Eso lo llevaba mi abuela”. Y entonces he
dicho: “Sí, es verdad. Lo llevaba tu abuela”, y he tenido que
explicar cómo se rezaba el rosario.
Y cuando sale este tema de la eutanasia entre los
discapacitados, ¿qué opinión hay entre vosotros?
Creo
que era nuestro obispo, D. Antonio Cañizares, el que daba en una carta el
dato de que el 90% de los enfermos del Hospital Nacional de Parapléjicos,
que está en Toledo, estaban en contra de la eutanasia. No todos los
discapacitados piensan igual que Ramón Sampedro.
¿La suya es, pues, una posición marginal?
Hombre,
debe de haber más personas…
¿Tú te has encontrado muchas?
Alguna,
pero son contadas. En el caso que antes te ponía, ese chico, Santi,
estaba tan afectado o más que Ramón Sanpedro, y sin embargo tenía unas
ganas de vivir impresionantes: campeón del mundo, campeón de la copa del
mundo, campeón paraolímpico, informático, ¿qué más? ¡Qué lección
de vida!.
Y para terminar, ¿algún mensaje particular para nuestros
lectores?
Mira,
no soy santo, y creo que tampoco voy para santo, por lo menos santo de
altar; pero quiero serlo, y eso ya indica una predisposición a lo que el
Señor quiera. ¿Que en mi vida viene más sufrimiento?... “¡A mayor
gloria de Dios!”. Es eso, dejarse amar por Dios por encima de todo. |
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"Un cristiano sin cruz
ni puede ser santo
ni puede ir al Cielo"

“Cuando me
acerqué
a aquel chico,
me dice llorando:
Tú que tienes fe, reza por mí,
que lo estoy pasando fatal”
"La
oración es fundamental.
Lo he visto en mi vida"
"No todos
los discapacitados
piensan como Ramón Sampedro.
El 90% de los parapléjicos
está en contra de la eutanasia" |