Ir a página de inicio       -      Volver a menú revista

A corazón abierto


Ricardo Vargas
José Javier Curto: "mar adentro"
                      - Campeón medallista paraolímpico -

            Este verano nuestros olímpicos se trajeron de Atenas 19 medallas. Hasta 71 se trajeron después nuestros paraolímpicos. Dos de ellas (una de oro y otra de bronce) las ganó José Javier. Este toledano de pro, talaverano por más señas, fue campeón del mundo en 1994 y es ahora campeón olímpico en la modalidad de boccia (deporte emparentado con la petanca). Pero hablando con él queda claro que, ante todo, es campeón en otra especialidad: cómo sacarle el jugo a la vida y entregarla en medio del sufrimiento.

 

 

            Ahora te has hecho “famoso”…
           
¡Demasiado famoso! Mañana tenía comida con el presidente de Castilla-La Mancha (que al final se ha suspendido) y por la noche me van a entregar un premio; pasado mañana, el apadrinamiento de una asociación de discapacitados; el día siguiente, retiro, en Toledo... ¡y después me enterráis!

            ¿Y como se lleva eso de “ser famoso”?
           
Muy mal, fatal, porque si te digo que el primer día que salí a la calle, con la intención de llevar las medallas a la Basílica y ofrecérselas a la Virgen… bueno, ¡pues tardé una hora! Me paraba la gente, me saludaban, me felicitaban. Yo decía: “Éste, ¿quién es? ¿Pero cómo han podido enterarse en un solo día?”. Luego me enteré que la noticia había tenido mucha repercusión a nivel local. Incluso la tarde que gané me llamó por teléfono el alcalde de Talavera, y luego aquí me han dado el bastón de mando de la ciudad. ¡Por favor!… Les estoy muy agradecido, solo que no va conmigo, ¿sabes? Hasta han hecho unos carteles con una foto mía anunciando una cena benéfica. Pero, ¿que hago yo repartido por toda la ciudad? Si es que no lo merezco, no van conmigo esas cosas.

            Lo de Atenas ha sido para ti toda una experiencia, ¿verdad?
           
La mejor experiencia de mi vida.
            Sí, porque tú no sabes lo que es convivir con diez mil personas entre deportistas, asistentes, entrenadores, etc; de distintas confesiones, países, culturas, ¡y sin ningún problema! Allí estaban Israel y Palestina, Estados Unidos e Irak, muchos pueblos de África que están pasando hambre y se están pegando tiros... ¡sin ningún problema! He conocido a un montón de gente.
           
Además, Atenas es un lugar simbólico, muy grande para un deportista.
           
Y cuando gané la medalla de oro... ¡puf! No me lo creía. Miré al cielo y dije lo mismo que hace diez años, cuando gané el campeonato del mundo: “¡A mayor gloria de Dios!”. Y empecé a tirar besos al aire. Entonces, un compañero de la selección española me preguntó: “Oye, ¿por qué tantos besos al cielo? ¿Por los niños?”. Unos niños que habían muerto esos días en accidente de tráfico, camino del estadio. “No. Bueno... en parte también, pero son para el Señor”. “¿El Señor de qué?”, me decía. “Ah, perdona, es que como estoy habituado a hablar así…”, le expliqué. “Ah, es verdad, que tú eres religioso”. El triunfo se lo debo a Él.

            Todo esto ha sido para ti un sueño acariciado desde niño. Pero no en las Paraolimpíadas, sino en las Olimpíadas, ¿verdad? Porque tú has sido siempre deportista, pero no siempre has estado en silla de ruedas.
            Sí, he soñado con ello muchísimas veces. He jugado mucho al tenis, al fútbol, al baloncesto. Estando estudiando en Madrid, me levantaba todos los días a las siete para correr 4 Km antes de clase, ¡que hay que tener ganas! Después de clase comía y jugaba un partido de fútbol o un partido de tenis, etc.

            Pero ahora llevo en la silla de ruedas once años. Anteriormente estuve ocho años que no estaba en silla de ruedas pero me cansaba mucho. Tengo una parálisis cerebral de nacimiento, pero que me permitía hacer vida normal. En 1985, con 21 años, se le asoció una distonía muscular progresiva, y desde entonces hasta 1993 fui progresivamente acusando una falta de control sobre mis músculos, sobre todo el tronco y la cabeza.

            Se te rompieron un montón de ilusiones, claro, fue un golpe duro.
           
Fue muy fuerte.
           
Lo primero, la carrera. Estudiaba 3º Pedagogía, ¿y qué hacía yo con sólo tres años?
           
Luego, algunos amigos me dieron de lado. Esas cosas yo no las entiendo. Sólo las puede entender el Señor. Ellos sabrán...
           
Antes estaba bien, podía caminar, estudiar fuera, etc., y ahora pensaba: “¿Por qué el Señor me habrá castigado con esto?”

Porque tú tenías fe, también entonces.
            Sí, sí, siempre la he tenido. Fíjate que, cuando corría, siempre rezaba antes de las carreras. Y si ganaba, ofrecía los trofeos a la Virgen. Los compañeros me llamaban “el capillitas”, jeje...

Pero claro, lo que me había pasado era muy fuerte, y no entendía nada.

¿Y qué pasó, pues?
            Por entonces conocí un movimiento cristiano, Getsemaní, y a mí fue algo que me impactó muchísimo. Al caer en la cuenta de cómo el Señor había ofrecido todo con amor para redimir a los hombres, dije: “Toma cruz, José Javier.” Y dije: “Adelante, y ámala con todas las consecuencias”. Y eso me da muchísima fuerza, me da alegría, porque si no, no estaría aquí ahora mismo.

La fe es un don, es verdad, pero es algo que hay que alimentar. El otro día, sin ir más lejos, escuchaba decir a un sacerdote: “Un cristiano sin cruz ni puede ser santo ni puede ir al cielo”, y es verdad. A mí esa fe me da mucha paz, y también mi relación con el Señor. La oración es fundamental. Lo he visto en mi vida.

            Tal como anda el patio, hay una pregunta ineludible: ¿qué opinas tú, con una vida marcada por la enfermedad y el sufrimiento, de la eutanasia?
            
¿Qué quieres que te diga? Hace un año me invitaron a un programa de la televisión de Castilla-La Mancha, el programa de Irma Soriano, para hablar sobre la eutanasia. Yo dije que sí, que estaba en contra. ¡No me dejaron más que dos minutos, y encima la presentadora tomó partido a favor!

Luego he dado una charla hace quince días con gente muy importante. Fíjate, yo, junto con un profesor de bioética de la universidad, otro médico…

            Es que tú tienes un “máster”, Javi: once años en silla de ruedas y otros ocho de enfermedad, no están mal para empezar...
            Estuve en esa charla, sí, aunque no era digno. Y sí que dije una cosa, y es que mi vida no es mía. Esta vida no es nuestra, pertenece a Dios y a él tenemos que dársela. Con sufrimiento, sin sufrimiento, como sea.

            Pero eso tú lo tienes claro por tu experiencia de fe, pero seguro que te has encontrado con discapacitados que no tienen esa luz. ¿Qué les has dicho?
            Es que no se puede decir nada, porque ellos me ven, simplemente.
            Mira, tengo una anécdota muy curiosa precisamente en Grecia, con la selección española. A uno de mis compañeros se le abrió un día una fístula. ¡Tenía unos dolores, el pobre! Además, él no puede hacer nada por sí mismo, no es capaz de manejar ni brazos, ni piernas… depende para todo de su padre, que es su acompañante. Bueno, pues llegamos al pabellón para jugar y se tuvo que echar en una colchoneta por el dolor. Cuando yo llegué, un poco más tarde, me dijeron: “Oye, Javi, que te está llamando Santi”. Cuando me acerco a él me dice llorando: “Tú que tienes fe, reza por mí, que lo estoy pasando fatal”. Es impresionante, las personas que no tienen fe, incluso te piden a ti que reces por ellas. Es un don de Dios y todos los día pido que me de más fe porque tengo poca.

            O sea que la cosa no es hablar, sino el testimonio de la propia vida. Ante casos así, no sueles soltar muchos “sermones”.
           
No.

            Si te preguntan, cuentas tu testimonio y ya está.
           
Por supuesto, yo nunca niego que soy cristiano, católico. A mí me han visto el rosario, y te dicen: “Eso lo llevaba mi abuela”. Y entonces he dicho: “Sí, es verdad. Lo llevaba tu abuela”, y he tenido que explicar cómo se rezaba el rosario.

            Y cuando sale este tema de la eutanasia entre los discapacitados, ¿qué opinión hay entre vosotros?
           
Creo que era nuestro obispo, D. Antonio Cañizares, el que daba en una carta el dato de que el 90% de los enfermos del Hospital Nacional de Parapléjicos, que está en Toledo, estaban en contra de la eutanasia. No todos los discapacitados piensan igual que Ramón Sampedro.

            ¿La suya es, pues, una posición marginal?
           
Hombre, debe de haber más personas…

            ¿Tú te has encontrado muchas?
           
Alguna, pero son contadas. En el caso que antes te ponía, ese chico, Santi, estaba tan afectado o más que Ramón Sanpedro, y sin embargo tenía unas ganas de vivir impresionantes: campeón del mundo, campeón de la copa del mundo, campeón paraolímpico, informático, ¿qué más? ¡Qué lección de vida!.

            Y para terminar, ¿algún mensaje particular para nuestros lectores?
           
Mira, no soy santo, y creo que tampoco voy para santo, por lo menos santo de altar; pero quiero serlo, y eso ya indica una predisposición a lo que el Señor quiera. ¿Que en mi vida viene más sufrimiento?... “¡A mayor gloria de Dios!”. Es eso, dejarse amar por Dios por encima de todo.

 


"Un cristiano sin cruz
 ni puede ser santo
ni puede ir al Cielo"

 

 

 

 

 

José Javier Curto: "mar adentro"

“Cuando me acerqué
a aquel chico,
me dice llorando:
Tú que tienes fe, reza por mí,
que lo estoy pasando fatal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"La oración es fundamental.
Lo he visto en mi vida"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"No todos los discapacitados
piensan como Ramón Sampedro.
El 90% de los parapléjicos
está en contra de la eutanasia"

Ir a página de inicio       -      Volver a menú revista