Ir a página de inicio - Volver a menú revista
Iglesia
del Señor
| Mercedes
y Juan Haznos como Tú, María |
||||
|
Quisiéramos que con nosotros dejéis por un rato, todos los
ajetreos y las mil y una cosa que nos inundan a los matrimonios. Nos
gustaría, que fuéramos capaces de dejar a un lado todas esas
responsabilidades, obligaciones, tareas y trabajos que nos envuelven, y así
más libres, y con menos barreras, siendo un solo corazón profundicemos
en nuestra vida como matrimonio cristiano. Nuestro
punto de referencia va a ser Al
fijarnos en ti María, creemos que serías una mujer como las demás, en
lo que se refiere al hacer cotidiano y a las tareas de entonces, pero
guardando algo muy importante, que era tu relación con Dios; una
comunicación constante con lo más Alto, en la que tu sabías que lo
principal era ser capaz de recibir lo divino, es decir, eras una persona
de entonces pero con una clave que no pasa y que consiste en estar abierta
a la acción de Dios. Como predecesora en la fe, nos enseñas que nosotros
esposos hemos de vivir como familias dentro de este mundo, con nuestros
quehaceres y con todo lo demás, pero sin perder este contacto y con un
maravilloso designio, ser un hogar capaz de recibir a Dios.
Nos enseñas María, que hay que
vivir con un corazón deseoso de Dios, que hemos de vivir como matrimonios
ilusionados, apasionados por nuestro Dios, que hemos de valorar la vocación
que nos ha dado, que hemos de estar seguros de que Él nos ha concedido un
carisma para implicarnos en recibir la Vida misma de Cristo. Y, este Don,
será más fecundo cuanto más cerca estemos de tu Hijo, que es el que nos
da la Vida.
Como a María, el Señor nos pide
permiso, quiere nuestro consentimiento para darnos su Don. A María Dios
le dio el más grande, pero con nosotros no se queda corto. ¡Fijaos!
quiere hacer partícipe a nuestro amor, del Amor de Cristo con su Iglesia,
quiere que nuestra unión sea divina, quiere elevar nuestro matrimonio,
quiere que sea como una casa de Dios donde la comunión siempre sea real y
visible. Y esto lo quiere realizar con cada uno de sus matrimonios, sin
pedir nada a cambio. Luego, no podemos, con estos planes y con esta
confianza que el Señor pone en nosotros, vivir nuestro matrimonio como
una simple alianza, como si fuese algo que nos atañe a nosotros dos
solos. No podemos vivir ignorando, esa fuerza de amor divino, que Dios nos
quiere dar y quiere que utilicemos. Entonces nos preguntamos ¿qué es
necesario? ¿no hay nada qué hacer?. Si, hay algo imprescindible, que
creamos en su acción y nos entreguemos, Él hará el resto, y será
grandioso. Hay
otra cosa que hay que destacar y es que, lo que Dios quiere de María, por
sí solo ella, no lo puede realizar. María pregunta ¿cómo va a suceder?
Y, ya sabemos que lo que Dios realiza lo hace con su consentimiento, pero
por obra y gracia del Espíritu Santo.
Pues, lo mismo ocurre con nosotros, lo que Dios quiere de nuestro
matrimonio no lo podemos hacer solos, es decir no significa “Señor, te
queremos seguir y nosotros haremos”, sino que nuestra respuesta debe ser
“Señor, te queremos seguir, hágase lo que tu deseas”. Necesitamos
que nuestra alianza sea el mismo Espíritu Santo, para que Él sea la
fuente permanente de nuestra unidad. Y sólo así, seremos matrimonios
cristianos, matrimonios de Dios, y nuestro amor no tendrá división, y
nuestro corazón será uno sólo, y dejaremos a Dios que more entre los
esposos y realice entre los esposos. Mirándote
María vamos aprendiendo a ser cristianos. Mirándote sabemos que te
necesitamos. Madre vuelve a bendecir nuestros matrimonios. Haz que nuestra
relación con Cristo no se interrumpa nunca, y cuando nos veas flojear,
propicia, cuanto antes, un nuevo encuentro. Que tu mirada de Madre esté
atenta a nuestra “falta de vino” como en Caná. Haz, que aceptemos
llenos de gozo nuestro carisma de matrimonio. Gracias
Madre por ser el norte en nuestro caminar cristiano. Haznos como tu, que
nuestro vivir sea un reflejo del tuyo, para que se nos note Madre que el
amor de los esposos cristianos es verdadero. Para que se nos note que
nuestro secreto, nuestra clave y nuestro fin es que nuestro amor participe
del amor de Cristo con su Iglesia. Para que se note que nuestros hijos
conocen el amor de tu Hijo. Para que se nos note Madre, que a los
matrimonios cristianos se nos concede |
||||
Ir a página de inicio - Volver a menú revista