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Id y evangelizad

 

Gonzalo Mazarrasa
18 años y 36 días

Queridos amigos:

La semana pasada se disputó la Melbourne Cup. Se trata de una carrera de caballos, pero es la única carrera capaz de parar este país. Aunque fuera martes,  toda Australia se detuvo para verlo. Y lo mismo ocurre todos los años.
           La gente que no ha cogido un avión para asistir en directo, se reúne con sus amigos delante de un televisor y hacen apuestas sobre quien será el ganador. Los periódicos, desde varias semanas antes, han ido informando de todos los detalles: los caballos, sus historiales, sus jinetes, el peso de los mismos, sus preparadores, sus dueños, y hasta sus gustos personales -o animales- son materia más que relevante para los periodistas.

A mí me toco este año ver la Melbourne Cup en una parroquia. Allí se reúnen unos feligreses, casi todos mayores o muy mayores, y ponen una TV y una pizarra con todos los datos posibles e imaginables. Un amable señor va recogiendo las apuestas. Como el director espiritual del seminario y un servidor no apostábamos, apostaron ellos por nosotros. A mi me tocó un caballo que se llamaba Zulaya o algo así -desde luego recuerdo que empezaba por Z-. Una amable señora octogenaria se creyó en el sagrado deber de entretenerme hasta que la carrera empezase. Yo contestaba a sus preguntas en mi ingles macarrónico como bien podía, mientras daba sorbos a una lata de cerveza.
           Cuando llego el momento culminante, todos se apresuraron a sentarse en sus asientos. Un silencio reverente envolvió el acto casi litúrgico durante los escasos minutos que emplearon los caballos en recorrer las dos millas.

El caso es que Zulaya iba ganando y yo, hasta entonces perfectamente indiferente, empecé a experimentar un repentino interés por las carreras, y a estirar el cuello por encima de la cabeza del señor de delante, que no me dejaba ver. Zulaya -o como diablos se llamase- se mantuvo el primero hasta los últimos 50 metros , cuando fue adelantado por cuatro oportunistas de ultima hora que hasta entonces se habían aprovechado de su rebufo.
           Venció un tal “no-se-qué” Diva. El jinete ciertamente se puso muy contento. Lo mas gracioso es que otro jinete ataviado con su clásica indumentaria hípica le entrevisto de-caballo-a-caballo con su micrófono de la cadena 7. ¡Cosas de la técnica!

 

Australia es muy inglesa, más de lo que parece. Aquí la bandera sigue incluyendo la Unión Jack en su parte superior izquierda y la Reina de Inglaterra sigue siendo también Reina en la "colonia" (cosa que ratificaron hace poco con un referéndum, por si quedaba alguna duda.

            Pero no creáis, que al mismo tiempo son “muy suyos”. Ayer se celebraba el Remembrance Day, cuando Australia recuerda a sus 60.000 caídos en la I Guerra Mundial. El 11 de noviembre a las 11:00 horas terminó la guerra, y es cuándo lo celebran. Este año acudí con mi amigo Sagay, sacerdote indio de la India y tamil para mas señas, a Wongan Hills. Allí se reunían el ayuntamiento con los niños del colegio y los ministros de las confesiones anglicana y católica, en torno a un obelisco conmemorativo y un viejo cañón de la II Guerra Mundial. Los “ministros” católicos llegamos tarde pues creíamos que empezaba a las 11:00 y era a las 10:45. Menos mal que la ministra anglicana estaba al quite. La tal ministra es una señora joven, casada, que iba vestida con camisa de clergyman negra con la correspondiente tirilla blanca -como las nuestras- y una falda a juego, de flores blancas y negras. ¡Muy mona, ella!

Una vez sobrepuesto de mi impresión y cantados los himnos acostumbrados, terminó el acto y nosotros nos volvimos a casa sorteando las zonas de asfalto derretido por el calor abrasador que estamos padeciendo.
           Por la tarde celebramos la eucaristía en la parroquia, sin feligreses. Se da la circunstancia de que era mi Misa numero 7.500. En 18 años y 36 días de sacerdocio, sale a una media de 414 misas al año (o sea, una al día y dos el domingo, más o menos). Los matrimonios y bautizos habrán sido unos cuantos cientos, y las confesiones, por lo menos más del doble de las Misas. ¿Que por qué estas estadísticas? Pues porque me gusta saberlo.
           El evangelio del día decía que al siervo se le exige que sirva primero a su Señor, que después ya comerá y beberá él cuando le toque. Que es un siervo inútil y que cuando haga lo que tiene que hacer nadie tiene porque agradecérselo pues es su deber. Mas claro, el agua.

De todas formas, rezad por mí y por esta secularizada Australia.
            Estamos en primavera y con mucho calor. Como siga aumentando, no sé que pasará en enero y febrero, que es el verano de aquí. Prefiero no pensarlo.

Un fuerte abrazo y la paz.

Gonzalo, el "ministro"
Vicerrector del Seminario Misionero de Perth

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